VIOLENCIA PRIMARIA Y SECUNDARIA
La violencia se define como una conducta agresiva con la intención de causar daño físico o psicológico a una o varias personas. La violencia es una agresión maligna en la que se hace daño a los demás por placer sadista, mientras que la agresión benigna es una reacción breve para protegernos del peligro. Con respecto a la primera se puede plantear una distinción entre violencia primaria y secundaria.
La violencia secundaria es producto de condiciones externas, no relacionadas directamente con una intención por parte del actor. En este caso, las personas presentan conductas violentas sin ser plenamente conscientes de las razones por las que actúan de esta manera. Tales conductas son producto, por un lado, de alteraciones como la depresión, los abusos de substancias y alcohol, golpes en la cabeza y trastornos psiquiátricos (esquizofrenia, trastornos paranoides) o, por otro lado, de trastornos de personalidad como la personalidad limítrofe.
Además, diversos factores ambientales pueden agravar la violencia, por ejemplo, la privación de sueño, el uso de estimulantes, el calor excesivo y las frustraciones cotidianas. La violencia primaria, por su parte, refiere a actos violentos que no están mediados por ninguno de los factores antes mencionados.
VIOLENCIA PRIMARIA: IMPULSIVA O PREMEDITADA
La violencia primaria se presenta en dos formas: impulsiva y premeditada. Esta distinción es importante, ya que estas dos formas de violencia difieren en varios aspectos que incluyen: los eventos que las disparan o provocan, las reacciones ante ellos, la actividad cerebral relacionada y los posibles tratamientos médicos y psicológicos. Esto es, para poder aportar un tratamiento efectivo es crucial reconocer la disociación que existe entre ambas.
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