Dipak Gupta, por su parte, identifica tres motivos decisivos en la opción individual: ideología (preferencia con respecto a un grupo), ambición (interés egoísta) y temor (costo). De esta categorización se derivan así tres tipos de participantes en acciones colectivas:
• Los partidarios leales (true believers) están motivados primeramente por los fines de una empresa colectiva;
• Los mercenarios están motivados en primer lugar por sus propios intereses individuales;
• Los participantes cautivos están motivados principalmente por el costo que acarrea la no participación, es decir, por temor.
En general estas tres motivaciones básicas explican también las razones de la no participación en acciones criminales colectivas: movidos por su ideología los objetores de conciencia deciden no participar; los colaboradores no participan en la acción colectiva de su propio grupo sino que cooperan con el otro grupo movidos por su codicia, es decir, porque piensan que pueden satisfacer mejor sus intereses personales si asisten al otro grupo; y quienes prefieren evitar conflictos no toman parte en la acción colectiva por temor.
Parece que la motivación de los perpetradores depende de sus características personales más que de factores relativos a su jerarquía.
Con respecto a la relación entre los motivos y el dolo los tipos sugeridos por Smeulers (la mente maestra o cerebro criminal, el fanático, el criminal sadista, el especulador, el de carrera, el guerrero devoto, el seguidor y el conformista, el perpetrador forzado, y el profesional), ponen en evidencia que los motivos y la intención no están directamente relacionados, es decir, que los mismos motivos pueden llevar a la persecución de distintos fines.
Un motivo para la acción podría ser también meramente profesional, a fin de conservar el puesto de trabajo o incluso para obtener uno mejor o sólo por la costumbre de obedecer órdenes sin formular preguntas, también podría quedarse involucrado en actos genocidas por un desorden mental y el placer y satisfacción persona; o por seguir e incluso cumplir más allá de lo requerido con las órdenes recibidas a causa de una fuerte convicción ideológica.
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